El Abrazo Azul... "Sueño para empezar el viaje"
...
Se encontraba paseando por la orilla de un pantano navegable. Se sentó en una roca viendo a la gente remar, hacer windsurf,... Un cielo despejado, pájaros cantando y calor, mucho calor.
Escuchó crujir ramas a su espalda, giró la cabeza y vió cómo las ramas de las escobas y las jaras se abrían haciéndo un camino entre las encinas. Dudó un instante pero luego decidida se adentró entre las plantas. Tras varios minutos de caluroso paseo llegó a un claro lleno de flores y en el centro una sóla palmera... "Palmera? Vale, es un sueño no?" Su tronco era liso, muy alto, de un color verde claro, apagado. Su copa como un penacho cayendo en cascada con grandes ramas de hojas verde intenso. Se acercó despacio mientras iba recogiendo flores... No lo pudo evitar, se tumbó y dejó vagar sus sentidos para disfrutar con intensidad el momento. Ya estaba al pie de la palmera (una Royal Palm-Raystonea Regia) y con la punta de sus pies rozó una caja de madera. En la tapa tenía labrada una extraña Rosa de los Vientos, pasó los dedos por los surcos y lo entendió. Dentro de la Rosa había labrado un signo más:
infinito.
De repente notó peso en la espalda... Su mochila! Revisó el contenido y estaba todo, incluída la brújula y su cuaderno de viaje; el Mapa seguía en el bolsillo interior, menos mal! Volvió a coger la caja y con una mezcla de temor y curiosidad la abrió. Dentro había una nota: "Sigue el camino que abrirán las plantas... Te llevará hasta una formación rocosa parecida a un puente... Atraviesaló y ante ti aparecerá un monolito... Con la tiza dibuja una puerta, ábrela y comienza tu viaje-búsqueda. Buena suerte..."
"Tiza?" Miró dentro de la caja y allí estaba la "tiza", un trozo rústico con la forma de la concha de una ostra.
Guardó la caja en su mochila, se la ajustó a la espalda y ya se disponía a marchar entre las plantas que sin cesar se abrían a su izquierda, cuando un impulso le obligó a volverse hacia la Palmera.
Se abrazó muy fuerte al tronco, podía sentir el eco de sus latidos recorrer el interior de la Palmera, era como si "ella" le devolviera el abrazo, formando una sola vida. Quiso quedarse allí en ese abrazo verde, con la cara pegada a la "piel" de la Madre Palmera, en su abrigo, en su cobijo... Una lágrima de deslizó por su rostro hasta tocar el tronco... Una última caricia, un beso de despedida y se separó con un suspiro y un "volveré". Ya estaba preparada para emprender el viaje de su vida...
Con paso seguro se internó entre las escobas y las jaras sin volver la vista atrás.
Continuará...










missdelirio dijo
Las mejores puertas son las de tiza.
Vamos a ver que encontramos detrás...
10 Julio 2007 | 05:46 PM