69 y dos picos...
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Mientras duró el fingido desmayo, noté que el caballero me observaba. Quise pensar que al ser "caballero" no se propasaría conmigo, pero sus instintos hablaban por él. Solo de pensarlo me respiración se agitó y surgieron en mi mente imágenes inapropiadas para una joven noble. Entonces escuché en mi cerebro los consejos de mi madre respecto a los hombres: "Hija mía, cruza las piernas, los brazos y mira al suelo, para no llamar la atención". Mamá, pensé, creo que en esta situación me será imposible. Como alternativa opté por emitir quejidos de dolor, con la cantidad de magulladuras que tenía por todo el cuerpo, era lo mejor. Llamé su atención al tercer quejido, y él, galante, me ayudó a incorporarme. Grité de dolor al pisar el suelo, me había torcido un pie. Me sentía ridícula. Toda mi aventura se había quedado resumida a un accidente y lo que es peor, regresar al castillo acompañada por un extraño. Mi padre me iba a casar de inmediato, aunque, quién sabe, tal vez sería el apuesto caballero el elegido, por aquello de la honra de una doncella.
Me peguntó dónde vivía, y por un momento dudé. A ver, no podía inventarme una morada, pues me llevaría a ninguna parte, pero tampoco podía decirle la verdad y llegar al castillo con él. Tenía que pensar algo rápido...Y se me ocurrió de pronto: he perdido la memoria y lo mejor será que me lleve a un lugar seguro dónde puedan curarme las heridas, comer algo y descansar. Empecé a decirselo pero no me dió tiempo a terminar la frase, ya me estaba cogiéndo en brazos y caminando en dirección a su castillo. Un momento, a su castillo?. Ibamos hacia el objeto de mi escapada nocturna! No podía creerlo. Alcanzaría mi objetivo en brazos de un caballero. Me recosté en su hombro, pudorosa por supuesto, dejándo salir suspiros de vez en cuando. Me preguntó por mis magulladuras y arañazos, y simplemente gemí. Me encontraba agusto entre sus brazos, era una sensación nueva para mi, y no quería romper el encanto hablando del escozor que me producían los arañazos repartidos por mi cuerpo. Nos acercábamos al castillo y el temor a ser reconocida comenzó a anidar en mí. Aunque siempre podía seguir fingiendo que la caida me había desmemoriado. Cerré los ojos, y disfruté del último tramo en sus brazos.







sinperdon dijo
Si es que a veces funciona mejor una estrategia lateral en vez de ir por el camino directo, aunque nos llevemos unos cuantos arañazos
14 Mayo 2007 | 03:52 PM