Categoría: Cuentos-relatos
4 Junio 2009
Sara quiere un cuento, uno sólo para ella, pero sin final feliz... No quiere caballeros andantes de brillante armadura, ni magos y brujas, ni batallas y banderas coronando conquistas... Sara quiere un cuento abierto a finales reales y poder elegir ella el que prefiera. Pasa horas en la biblioteca leyendo por orden alfabético cada autor y sus obras, pero aún no lo ha encontrado. Una tarde de lluvia estaba entretenida con un cuento ruso sentada como un indio en "su" sillón de biblioteca, cuando se sintió observada... No era la típica sensación de "alguien me está mirando", no, era más bien "alguien se ha dejado los ojos pegados en mí". La sensación iba creciendo y su curiosidad también... Con disimulo, muy discreta, mientras cambiaba de postura y estiraba las piernas, hizo un barrido de reojo por la sala de lectura; la bibliotecaria seguía en su puesto, una madre con dos niños buscaba en la estantería infantil un libro para cada uno entre susurros; tres adolescentes ocupaban sendos ordenadores dándole la espalda; una pareja de ancianas ojeaba un libro de recetas... Nadie más... Volvió a su lectura sintiendo el peso de la mirada sobre ella, pero incapaz de concentrarse decidió llevarse el libro a casa. Mientras salía de la sala poniéndose la chaqueta, notó que los ojos seguían sus pasos, pegados a su espalda. Cuando llegó a casa corrió a mirarse en el espejo de su cuarto y sin quitarse nada se observó por delante y por detrás. Después se quitó la chaqueta y repitió el repaso, hasta que una a una fueron cayendo al suelo las prendas de su cuerpo y se observó desnuda, fijamente, centímetro a centímetro. No había más ojos que los suyos mirándola y sin embargo seguía notando..., sabía que otros ojos miraban su cuerpo y su imagen en el espejo. Se fue a la ducha, tal vez allí bajo el agua, se escurriera la sensación de ser observada y pudiera despegarse los ojos ajenos... Puso las manos en la pared y dejó que el agua le cayera por la espalda, desde la nuca, recibiendo su caída y discurrir como un masaje... Y de repente sintió una caricia diferente al tacto del agua... Tuvo el impulso de salir de la bañera, pero era tan agradable... Empezó a cogerles cariño, cada mañana desayunaba acompañada, el día transcurría más ligero y al acostarse cada noche le dedicaba en un susurro felices sueños con una pícara sonrisa. Pasaron semanas antes de que se diera cuenta de que los ojos que convivían sus días pertenecían a alguien y que los debía echar de menos. Imaginó el rostro de su dueño y le vino una imagen sonriente, debía estar disfrutando.... Pero a la vez le produjo tristeza, porque ella sentía esa pena, ese contentarse con sensaciones sin una realidad tangible. Volvió a la biblioteca esa misma tarde a dejar el libro ruso de cuentos, dispuesta a encontrar al que le dejó los ojos prendidos...
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1 Septiembre 2008
Se fuma el último cigarro de dos paquetes prometiendo fumar menos mañana... Se hace el plan para el día siguiente sabiendo que apenas cumplirá con nada... Está recostado en el sofá mirando el humo, mientras escucha los anuncios y tararea las canciones que los acompañan... Se pregunta, en conciencia, si será capaz de empezar un nuevo día con ánimo, con ganas de hacer cosas, de cumplir lo básico... Qué menos que lo básico para empezar, después llegarán los grandes planes, las metas... Lleva tanto tiempo así, pensando pero sin reaccionar, que le parece un sueño encadenado cada día el levantarse y su transcurrir hasta el momento de acostarse...
Si se esfuerza un poco recuerda la mitad de ayer; si le insiste un poco, incluso recuerda qué cenó hace tres días...
Todo empezó como un juego terapeútico, debía olvidar para calmar el dolor. Lo que no sabía es que con cada olvido su memoria borraba algo más que los daños, borraba instantes del presente, momentos cotidianos, y con el tiempo dejaría muy lejos quién era, qué amaba y sobre todo, quién quería ser mañana...
Se levantó y arrastrando los pies se dirigió al baño. Después de secarse las manos se quedó apoyado en el lavabo, mirándose en el espejo... Contemplaba sus ojos escrutándolos, buscando encontrar su yo más profundo, su alma y por un instante se "vió"... Mientras se hacía la firme promesa de no dejarse olvidar, llegó al sofá arrastrando los pies...
Encendió una colilla que apenas contenía dos caladas y entre el humo volvió a ver su cuerpo, flotando, transparente... Si no hubiera perdido el instante, el momento de decirle...
Cogió el mando del televisor, se puso cómodo en el sofá y siguió tarareando melodías publicitarias...

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13 Agosto 2008

Se ha quedado sentada en silencio mirando el suelo... Hacía tiempo que su voz se resistía a salir, hasta que por fin dejó de intentarlo... Han pasado dos semanas desde que emitiera su último sonido, quince eternos días sin su dulzura y sus risas. Vinieron familiares, médicos, pero nadie supo explicar el por qué, y nadie pudo sacarle palabra... Lo peor es que sus ojos tampoco hablan, su mirada está perdida, oscura, fija en el suelo, como si estuviera contando las juntas de las baldosas, las hormigas, los granos de arena... A veces me acerco y le cojo la mano, le cuento las cosas que ocurren en casa, lo que pasó ayer, el plan de mañana..., pero ella no está...
.- Dónde estás ahora?
Silencio
.- Sabes una cosa?
Su cuerpo es de piedra
.- Te voy a llevar volando a mirar el mar, allí se aleja la mirada entre azules, y si quieres mirar al suelo tienes montones de conchas y arena que contar...
Ha cerrado los ojos
.- Te gustaría?
Sus ojos siguen cerrados
.- Sólo tienes que asentir, no hace falta un sí, y estaremos allí mañana.
Abre los ojos, me mira. No tienen el marrón de siempre, son azules y puedo ver en ellos las mareas... "No me lleves... Ya estoy en él"
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5 Abril 2008
Estaba sóla, la casa respiraba en silencio y ella escuchaba cada aliento...
Sentada en el jardín con un libro sin marcapáginas, escuchaba el canto de los pájaros, sus seductores encantamientos de primavera, el zumbido sexual de los insectos... Dejó el libro sobre los muslos, se quitó la camiseta y recibió el sol en sus hombros, en su pecho... El calor empapaba su piel dejando rebosar gotitas de sudor que le hacían brillar... Escuchó nudillos golpear la puerta; sin tiempo de vestirse, apenas cubriendo sus senos con la camiseta, fué a abrir... Mientras la puerta recorría el suelo, en su mente imaginaba un cuerpo bronceado, musculoso, unos ojos ansiosos, unas manos de largos dedos que teclearan y rasgaran cada poro de su piel...
Terminó de abrir la puerta y frente a ella él, el desagradable y enorme marido de su vecina... Sus ojos verdes se abrieron de golpe, absorvieron cada curva... Ella juntaba la puerta instintivamente, él la frenaba con el pie y la mano apoyada en el marco... Ella se escondía, él empujaba... "Déjame" dijo él... "Nunca" dijo ella...
Tres minutos después sobre la mesa del comedor descansaba ella y él recorría con su lengua desde los dedos de sus pies hasta la curva de su cuello...
Cerró el libro, se quitó la ropa y fué a refrescarse al baño... Estaba sóla...
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25 Marzo 2008
Esta mañana he decidido por fin ir al médico. Llevaba semanas notándome extraña, no enferma, rara. De un tiempo a esta parte he ido perdiendo masa, luz, energía..., pero no me duele nada. Al principio creí que sería la primavera, con ese cansancio anímico que se instala en cuanto empiezan los brotes y el polen... Pero después de unos días de nevadas y frío, sigo igual, incluso más desmejorada.
Al llegar al ambulatorio, como siempre, la sala de espera estaba llena de abuelos, abuelas y un par de madres con bebés. Normalmente me llevo un libro, no me gusta ojear las revistas atrasadas y además manidas de tanto paciente en espera, pero hoy no llevaba por no llevar ni el móvil. Pasados unos minutos en los que como es habitual todos nos reconocemos, decido pasar a modo stand by mirando los zapatos de todos los que quedan a mi alcance, por último los míos, dónde me quedo más rato, divagando, sin pensar... Ahí estaba tan tranquila cuando la abuela de enfrente hace un sonido extraño y se empieza a escurrir de la silla. De un salto la recojo, me mira agradecida con una sonrisa amarga y me dice "gracias hija". Me daba apuro dejarla sóla así que me puse en la silla de al lado y le tuve cogida la mano unos minutos, mientras le contaba anécdotas de mis hijos en esa mísma sala de espera. Después de hacerle reir vi que el color le había vuelto a las mejillas... Entonces la enfermera dijo mi nombre y sin pensarlo pedí a la abuela que usara mi turno. Ella insistía que no y que no, pero la acompañé hasta la puerta de la consulta y no hubo más que hablar. Cuando salió vino directa a decirme, sonriendo, que la doctora le había dicho que era la primera vez que tenía compensada la tensión, que no entendía cómo lo había hecho pero que estaba como una manzana. Me dió un abrazo y se marchó tan feliz.
Volvieron a decir mi nombre y el abuelo que estaba al otro lado del pasillo me miró suplicando, por supuesto le cedí mi turno, me sonrió y al salir de la consulta me dió la mano con un fuerte y seguro apretón. Así continué hasta que no quedó un abuel@ en la sala de espera, y cada uno de ellos según salía se acercaba sonriente a darme la mano, un abrazo...
Por fin me tocó entrar a la consulta, la doctora estaba feliz y simpática (raro en ella, que es más seca siempre...) me indicó la camilla y allí me senté. Antes de preguntarme por qué había ido a verla se paró frente a mí, pensativa. Yo esperaba impaciente que dijera algo, pero tras unos minutos en silencio, sin dejar de mirarme a los ojos, sonrió, me cojió las manos y las estrechó contra su pecho. Jamás había tenido una mañana más rara en el ambulatorio! Esperé devolviéndole la sonrisa y por fin dijo: "Gracias, siendo egoísta te pediría que vinieras cada mañana, pero sé que es imposible. Has sido la mejor receta para todos los que estaban aquí, cada paciente que ha entrado estaba feliz y sólo hablaban de tí, les has hecho bien; incluso a mí. Supongo que tus días transcurren así y por tu estado diría que no es de ahora, que es de siempre. Siento decirte que no puedo recetarte nada para tu desgaste. Debes buscar tu propia receta, supongo que si te esfuerzas un poco, sólo un poco en pensar en tí, la encontrarás". Mientras me hablaba mis ojos habían decidido dejar caer lágrimas que goteaban sobre mis piernas. Ella las secó y me dió un abrazo. Al hacerlo se dió cuenta de que el desgaste había crecido... Me miró con un lo siento escrito en la cara y una súplica en el corazón "date prisa, encuentra tu receta".
Salí del ambulatorio, me puse las gafas de sol, metí las manos en los bolsillos y me dirigí a casa por el camino más largo. Bajé hasta la plaza y para mi sorpresa los bancos estaban llenos de abuel@s tomando el sol con los nietos, sonrientes, felices. Al verme pasar me saludaron agitando las manos con energía, algunas abuelas se acercaron a darme las gracias de nuevo, con besos y palmaditas en el brazo... Desde allí me he dirigido al jardín que rodea la Iglesia (siempre atajo por él para llegar a la calle que baja hasta mi casa), es acogedor, está muy bien cuidado, y tiene tres bancos estratégicamente ubicados. He elegido el que está cerca de la imagen de la Virgen de la Soledad, tiene en la cara una lágrima suspendida y una sonrisa de triste dulzura. Allí he pasado un tiempo que ahora no soy capaz de calcular, hablando conmigo, con ella: "somos mujeres, somos madres, somos solas... verdad?" Una lágrima se ha quedado suspendida en mi mejilla, le he sonreído y creo que me ha devuelto la sonrisa. Le he dado las gracias y con la sonrisa puesta he vuelto a casa... Debo encontrar mi receta pronto, de otro modo no podré ofrecer las mejores recetas a los demás...
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29 Febrero 2008
Sólo era un paseo, como tantas otras veces, que aprovechaba la luz recién parida para empaparse de inicios, de ganas de empezar. Después de caminar calles llegó hasta el bosque, un encinar rodeado de jaras, tomillo, manzanilla, musgo, malas hierbas..., salpicado por margaritas silvestres y amapolas. Los pájaros estaban entregados a la búsqueda de comida para sus retoños que píaban escandalosos en los nidos. Era ella y el mundo, natural, sencilla, sin complicaciones... Nada que pensar más que la sucesión de sus pasos y su respiración... Todo puede ser tan sencillo, tan fácil de recorrer...
Pero la mente juega al tetris, a los puzzles, al ajedrez..., siempre la estrategia, urdir, enredar para resolver después...
El dijo "tú y yo" después se fué a dormir.
Ella sabe que el dolor habita en casa, la tensión; el asomo del drama es un lazo que aprieta cada día más. Aún teniendo las respuestas no puede hablar. Tal vez si hablara otra vez... Pero sólo las paredes reciben los mensajes, y el tiempo sigue corriendo, ajeno a todo lo que se va acumulando, despreciando cada adherencia; y se forman nudos en las esquinas, en el techo, en los marcos de las puertas, sellándolas, alejando las salidas.
Escuchó agua correr y sus pasos le llevaron dónde sus oídos guíaban. Entre unas piedras forradas de musgo caía el agua, a poquitos, a borbotones, cantando una discreta melodía de vida. "Todo es tan sencillo... Me riegas y broto, crezco, me desarrollo... Me ahogas y dejo de crecer, me pudro... Me dejas secar y muero..." Es tan sencillo...
Sólo unas gotas y la vida hubiera permanecido, silente, sin apenas darte cuenta hubiera crecido, echado raíces, preñado de brotes el destino...
La sequía ahogó la vida, la esperanza...
Y entonces vió los insectos afanados en recoger el escaso polen que contenía vida; los observó, diligentes, empeñados en preservar la belleza en otros lares, donde la transportarían.
El ciclo de la vida...
"Aquí muero, allí vivo"... Lo dicen los insectos, el viento, el agua, la tierra...
"Hoy perezco en este suelo, mañana renazco lejos..." Nueva savia, nuevas flores, nuevos frutos...
Nueva vida...
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9 Febrero 2008
El: Hola
Ella: Hola
El: Te has perdido?
Ella: Sí
El: Puedes llamar y que te vengan a buscar...
Ella: No quiero.
El: Por qué?
Ella: Me juzgarían...
El: No lo entiendo
Ella: Ni falta que hace, es asunto mío. Estaré perdida el tiempo que necesite, no quiero Caballeros que vengan al rescate, ni manos amigas que me guíen... Perdona, no quería ofender. Gracias pero no...
El: Te dejo entonces...
Ella: Sí, estaré bien... Adiós
El: Seguro que no quieres que me quede contigo?
Ella: No, vete por favor. Gracias de nuevo
El: Adiós entonces. Cuídate.
Ella: Adiós
Conciencia marcha mientras Ella mira a su alrededor sin ver... El ojo que todo lo ve está durmiendo... El oído que todo lo oye ha vetado la entrada de sonidos... Su mente ya no piensa, está ivernando preparándose para la primavera...
Ella aún respira, está viva. De su bolsillo derecho saca unas tijeras y con lentitud va cogiendo mechones rizados y cortándolos de manera mecánica, sin sentirlo... Cambiar...
De repente tira las tijeras y busca en un acto reflejo, coqueto, un lugar dónde mirar el resultado de su obra. Sólo dura un instante, no quiere verse, no, aún no... No está preparada todavía para reconocerse, aún no. Un día...
Debe reunir las fuerzas antes de estar, antes de enfrentarse a Ella y a los demás... Avanzar...
Una lágrima pasea su mejilla, Ella deja que caiga y mira su impacto en la tierra... Escucha...
Le siguen más, muchas más, hasta que el sonido de sus múltiples impactos lo llena todo, ahogándola... Siente...
Entre el velo de agua salada empieza a ver, asoman formas, siluetas... Personas...
"Mi desierto se termina, mi camino se bifurca, mi conciencia llama, mi ojos miran, escucho y siento... Pero aún no... Todavía no..."
Comienza con el pie derecho, le sigue el izquierdo, sólo tres pasos y ya está en el borde... Ahora...
Salta con los ojos cerrados, ligera, libre...
Allí está, lo encontró... Abrázame, no me sueltes, aún no... Todavía no...
Breve el instante, larga la caída, duro el impacto... Crecer duele...
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1 Febrero 2008
Estaba sentada con un cuaderno en blanco y un lápiz de madera sin tratar..., eran sus favoritos. Llevaba horas paralizada, sólo se movían los dedos haciéndo girar el lápiz. Por su cabeza paseaban letras mayúsculas, cursivas, en negrita, minúsculas con pretensiones de crecer; pero no tenían afán de formar grupos y así tener sentido, ser palabras. Ella obstinada insistía en la espera "ya vendrán, tengo paciencia y se cansarán antes que yo, seguro..." Pero entre giro y pitillo, el cenicero rebosaba y escocían las falanges. Pasadas tres horas escribió este verso: "Alguien me quiere?". Y después de leerlo arrancó la hoja, hizo un barquito con ella y lo dejó sobre la mesa...
Dos horas después tenía una flota de barquitos navegando alrededor del cuaderno y deseó tener un billete para navegar en uno de ellos... "Nonono, navegar no, mejor volar o ir en tren..." Volar... Ya estaba, lo tenía, era la palabra mágica; empezó a escribir:
.- Dibujo mis alas,
esas que me acercan a tí,
limpia y pura, libre y sincera,
nada pido, nada exijo, soy así...
Con cada aleteo me siento
más ligera
y el vuelo me lleva aún más lejos
de tí, de mí...
Libre al fin.
Estaba radiante, iluminada, por fin había conseguido escribir. Bajó los ojos para repasar lo escrito, pero no había letras...
Eran cuatro garabatos formando una flor, un girasol...
Hay veces que las ganas no son suficientes, que el querer no basta, ni la buena discposición... Hay veces en que los versos y los sentimientos no armonizan, pero aún así dibujan formas, crean sueños y permiten llenar un espacio intangible, pero reconocido: el vacío...
servido por unaovarios
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